viernes, 24 de septiembre de 2010

VISIONES MOZAS


VISIONES MOZAS
Autor: JUSTO ALDU


Distinto al que sobrevive
muriendo en el pesimismo,
-que triunfo sobre sí mismo-
obtiene el que muere y vive.

¡Qué cara la tierra ha sido,
para dos metros pagar,
de ella con tal vida impar,
que la muerte no ha vencido!

En la redondez del mundo,
donde un pájaro es violín,
su trino, fiesta sin fin
y su piar eco errabundo.

Y así como un pañuelo,
la oración testimoniante,
fija el paso trashumante
de nuestro pie sobre el suelo.

Soy puñito de huesos,
donde apretó mi padre
en la sangre de mi madre
su germen envuelto en besos.

Soy la sal apasionada,
que escribe extraña palabra,
como una llave que abra,
toda la historia guardada.

La petición matutina,
que pastorea la memoria,
mano que agita la noria
con su fuerza diamantina.

jueves, 23 de septiembre de 2010

TINTA DE LA MEDIANOCHE




TINTA DE LA MEDIANOCHE
Autor: JUSTO ALDU



Tinta primera

Papel, papel sin rostro, sin comisuras,
Sin orientación. Papel sin nombre,
anodino y triste, sirviente mudo, manoseado,
místico e ignorante.
Alma sin costuras, vehículo sin guía…
Papel: Humanidad en ruta hacia Casiopea.

Tinta segunda

Crisálida de esmeril en las alas nerviosas
donde llueve polen de luna sobre el rostro
de las flores, besando en ellas la epidermis del creador.
…Mariposa…

Tinta tercera

Flor: Navegación en el vacío del tiempo y la clorofila.
Espuela de la especie. Jinete del pedúnculo encantado.
Juguete entre los táctiles vaivenes del visita-flor.
Rosa del tiempo y cristal de primaveras.
Flor: Voz, rito y permuta de las cepas.

Tinta cuarta

Camino: Cosa que viene Pies derretidos de distancia
que imprimen al olvido un sello mudo.
Calco del pretérito. Futuro diplomado de humo.
Lluvia de lejanías. Charco sin retornos.
Hito en las vidas e intemperie del peregrino.

Tinta quinta

Guitarra: Muges, lloras, ries. Dorada y excitable.
Te han hecho de madera, pero has cobrado vitalidad
y te han vuelto mujer de sentirte amada
por tantos poetas y nocturnos payadores.



Tinta sexta

Muerte: Dintel de oro pintado de humus.
Crótalo que se muerde la cola.
Rugido comprometido de un barquero sin rostro.
Más acá del más allá.
Habitante de la vida.
Mendiga del dolor que no sufre
y dolor de los mendigos
que la añoran.
Muerte, resumen del total.
Suma incompleta. Coágulo de existencias
colgado de todos los miedos.
Andrajo de mundos.

Epílogo de la tinta

Madre.
Rumbo a ti en la onda que te habías perdido
va honda la fragancia del sufrimiento
y fue preciso mi tacto de dolor
para que te encontraras a ti misma.
Madre…junto a ti….MI AMOR!

viernes, 17 de septiembre de 2010

Los días lluviosos


Autor: JUSTO ALDU

Las brumas son un gran telón
que oculta los paisajes febriles
del recuerdo.
Y mi alma candente hace contraste
en la niebla que emblanquece
las mañanas.
Dicen que tu recuerdo
no recuerda
más que las explosiones de mi genio
y que aquello que no fue
nunca ha existido
pasado que me ligue a tu momento

Aún fermenta en mi pecho el cataclismo
aún llama a la fragua
del atesado vulcano
como vacíos de la vida
estrellándose
contra la profundidad de mi alma
buscando respuestas, solo respuestas
cuando ataca la soledad.

Y te extraño,
los días lluviosos te extraño
y la enredadera de tu risa
se sube a mi techo de recuerdos
apretando sus ramas contra el silencio.

sábado, 11 de septiembre de 2010

MI CIUDAD





Mi ciudad es de hechizo,
como magia sin manos-
-cruel sortilegio de pasiones-
Noches de luna
con quejumbrosos sueños.
Imágenes vivas
de brillantes reflejos.
Sudorosas malicias
y ardientes deseos.

Mi Ciudad embriaga de violencia
y en el río que no es sangre todo,
seca topográfica en pie la tradición.
Pero te prefiero, eres lo que no es,
así como un Tratado sin respuestas.

Eres palabra que al rasgar mi boca
para decir total tus dimensiones
me quema de ansiedades,
porque tu vibración lo incendia todo.
Prorrumpe en bramidos de “pon”
y abre el gotear ocioso del silencio.
¡La ves, ésta es mi cuidad,
Lo demás, tonterías, tonterías del corazón!

viernes, 10 de septiembre de 2010

LAS ELECCIONES DE TINAQUITO



Autores: MARÍA MERCEDES STOUTE Y JULIO STOUTE




Hace algún tiempo, en un país muy lejano del Continente, había un joven llamado Juan, pero todos le decían Tinaquito porque tenía muy malos hábitos a pesar que todos en ese país eran personas decentes. Tinaquito acababa de cumplir su mayoría de edad. Era la edad anhelada que todos los jóvenes esperaban ansiosos para obtener su identificación en la que se especifican todos sus datos personales y que daba cuenta que había cumplido la mayoría de edad.
Los jóvenes en ese país querían cumplir su mayoría de edad para poder entrar en las discotecas, en lugares reservados para mayores y votar en las elecciones.
Juan, conocido popularmente como Tinaquito, no era la excepción. El también había esperado por largo tiempo ese día. La verdad era que se la pasaba insultando y vociferando que debían darle su identificación rápido y que la tenían contra él. No tenía respeto por nada ni por nadie.
Cierto día un hombre de avanzada edad y que era conocido como Ricardo, el político, le sugirió a Tinaquito que ahora que tenía la mayoría de edad, se postulara para un cargo público ya que todos le conocían y tenía muchas opciones de ganar en las elecciones que se aproximaban.
Tinaquito lo miró fijamente y sus ojos brillaron. Pensó en todo lo que podía ganar si era electo en ese cargo público. Era muy atractiva la idea como para dejarla pasar.
Al día siguiente fue a inscribirse, llevó todos los documentos, incluyendo la identificación que tanto había esperado.
Ya era todo un candidato y comenzó su campaña por todo el país, apoyado en todo momento por Ricardo, el político.
Tinaquito le hablaba a los electores y decía:
-Voten por mí, que yo cumpliré mis promesas. Les construiré lo que no tienen y tendrán lo que esperan. Sus sueños serán mis sueños.
Muchos le escucharon y pronto sin decir nada le dieron la espalda y siguieron con sus quehaceres ignorando las tentadoras palabras de Tinaquito.
Al ver esto, Tinaquito se bajó del pódium y se dirigió a uno de los oyentes preguntándole la razón por la cual le daban la espalda.
El ciudadano se sonrió y le dijo: “
-Nadie cree en ti, porque no respetas a nadie, eres mentiroso, deshonesto y por tus actuaciones se nota que no tienes valores. Eres como un tinaco de basura. Por eso todos te llaman "TINAQUITO". Votaremos en las elecciones porque es nuestro deber cívico, pero no votaremos por ti, votaremos por alguien que respete a nuestros ciudadanos, a nuestra sociedad, a nuestro país y nuestros sueños.
Tinaquito se fue muy decepcionado y le contó lo sucedido a Ricardo, el político. Y éste, luego de ver lo triste y acongojado de su pupilo, se sentó a su lado, le contó su historia y de cómo fue elegido el presidente de aquel país de hombres y mujeres decentes. Le dijo que él se comportaba igual de irrespetuoso cuando joven y que a pesar de ser muy popular, perdió su primera elección por tal motivo. Eso lo hizo meditar y cambiar. Porque la comunidad y su país necesitaban hombres honestos, respetuosos y con valores para poder progresar.
Desde entonces, Tinaquito no volvió a decir mentiras, a ser irrespetuoso, ni a insultar. Vivió como un hombre ejemplar para todos.
Juan, fue electo 4 veces consecutivas, actualmente rige los destinos de aquel pequeño país de personas decentes y jamás volvieron a decirle TINAQUITO.

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**Solo para aclarar. En Panamá se dice "tinaco" a un cesto de basura. De allí surgió la idea del cuento "Las Elecciones de Tinaquito"

ENGAÑÉ A LA MUERTE




AUTOR: JUSTO ALDU



Todo parecía ir bien en mi vida. Tenía una buena familia, todos me querían y yo los quería a todos. Aún vivían mis padres y aunque ancianos se conservaban en buena salud. Constantemente los visitaba y les reiteraba mi profundo amor por haberme dado la vida. No había reproches en ese sentido. Solo había algo en mi vida que me traía inquieto desde hacía mucho tiempo. Tanto que casi no recordaba desde cuando comenzó mi suplicio, solo recuerdo que fue de muy chico, desde que comprendí que mi nombre llamaba mucho la atención a otros niños, los que se burlaban y me ponían todo tipo de sobrenombres para hacerme mofa y divertirse a costillas mías. Desde entonces mi vida fue en ese sentido un calvario. Todo a causa de ese bendito nombre: Tartufo.
Los demás niños se reían tanto mientras yo lloraba que poco a poco lo fui superando.
Ya de adulto decidí que no podía seguir en este calvario y tomé una decisión. Una decisión que cambiaría mi vida para siempre y acabaría con el martirio de las críticas y los motes que tanto daño me hicieron. Decidí cambiar de nombre. Decidí llamarme Alberto. Sí, ese parecía ser un nombre más común, menos complicado y no se prestaba para burlas.
Un buen día, me levanté temprano, me dirigí al Registro Civil e hice todos los trámites ante esa entidad. Debía ser lo más rápido posible. No podía seguir siendo blanco de las burlas y de los comentarios de tantas personas que solo asomaban una risita al averiguar cómo me llamaba.
Decían oye tarti: Tu mamá no te quería compañero, francamente te asesinó con ese nombre: Tartufo. Acto seguido una inmensa carcajada llenaba el lugar y todos la seguían con pequeñas risitas y miradas de soslayo.
Cuando me entregaron mi nueva identidad me sentí feliz, pero la felicidad duró poco. Un mes después, me detectaron cáncer. Estaba muy avanzado, tenía pocos meses de vida y pensaba que no me había durado mucho la alegría de saberme no burlado nunca más por ese ridículo nombre. Ahora por lo menos moriría como Alberto y no como Tartufo. Por lo menos en mi lápida habría un bonito nombre: Aquí yace Alberto, murió feliz.
El mes pasó rápido, la hora de mi partida llegaba. Yo no estaba triste, estaba tranquilo. Esperaba mi final con la frente en alto, erguido, enhiesto, orgulloso de tener un nombre normal.
Llegado el momento, me internaron en el hospital hasta el final de mis días.
No estaba nervioso cuando cuándo la vi recorrer los pasillos del nosocomio. Su silueta era alta, muy alta, su rostro no se podía distinguir porque lo cubría un capuchón negro, solo se veían sus ojos brillar. En su diestra portaba el distintivo: La hoz. Si, era la muerte. Sabía que venía por mí. La esperé pacientemente. Tan paciente, que casi me sorprendió cuando pasó de largo. No sabía qué pasaba. Tal vez habría otro en la lista al más allá, no lo sé.
Cuando todo pasó. Me levanté de la cama muy despacio y me dirigí al salón principal. Estaba asombrado. Juré mil veces que había llegado la hora. Pero mi sorpresa fue aún mayor. Sentados en una hilera de bancas, tres ancianos conversaban en voz baja, me acerqué lentamente y antes de que pudiera emitir palabra, levantaron la mirada y sonrieron.
-Aún no te toca. Dijo uno de ellos
-Faltó poco. Tal vez el otro año, je, je, je. Añadió otro.
Lo más sorprendente fue lo que dijo el tercero:
La muerte vino por Tartufo, pero tú te llamas: Alberto.

ABAJO CON EL PLAGIO


Autores: Poema fusionado de JUSTO ALDU con la colaboración de
"Itzcuauhtli" y "elcamino-quenohice"


Aquel que copia lo ajeno
prueba lo que carece
y mis respetos no merece
aunque se tilde de bueno

Aquél que copia sentimientos
y los pone con su nombre
es el mismo que no busca
y para dar... tampoco tiene...

Porque no son solo palabras
lo que nos estan robando,
nos roban los sentimientos
y parte de nuestra alma.

Es que sus letras son vacías
como vacías son sus vidas
por eso nos van robando
de nuestra alma la comida