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viernes, 14 de febrero de 2014

ME LLUEVES

Me llueve tu edredón de selva
Tus caminos furtivos e impenetrables aguas
Y esa concomitante acción de pupilas
sobre el dilema de amores
Quizá por eso te comparo con ventanas
cuando robas la luz del sol
Y te pienso marinera limpiando mis jarcias
otras veces poblando de ventiscas heladas
mi corazón taciturno
Y te busco escondida en el hontanar de la ventura
ahí, donde a la vida le sobran carcajadas
y se evapora el llanto sobre el sendero,
luego siento el agua… Me llueves,
me llueves por dentro
como la tarde que acompaña los crepúsculos
y lava el ansia con su tenue luz…
Siento tu aguacero mientras me bebo los deseos
e imagino tus besos estallando a gotas en mi alma.
En la piel me llueves
derramando penas con esa lluvia angustiosa

Solo nos verán
y dirán: Extraños seres  que el azar separó por antojo.
Extender la existencia es apresar tus aguas
en las orillas de mis labios,
ahí donde pasa el río del beso
y todo lo incierto es siempre un todo eterno.
Cierta es la hora en que nacemos,
incierto es el momento en que me quieres.
Me llueves en febrero hoy como nunca

Autor: JUSTO ALDÚ/2014

sábado, 1 de febrero de 2014

PLUTARCO (Una historia como pocas)

En estos momentos Plutarco agoniza
Bueno, a eso se dedica en estos instantes para ojos profanos. Y como tengo la costumbre de no meterme donde no se me llama, he creído oportuno no interferir en esa importante actividad de su vida. Su muerte. Entre mis delicadezas poseo la de no medrar con el dolor ajeno. Por lo tanto soy escrupulosamente individualista, pero me asaltan pensamientos y siento ese deseo irrefrenable de escribir el suceso de Plutarco tan solo para que otros puedan verse reflejados en ésta historia y hacer lo que deban si llegase el caso y de paso acabaría con mi angustia.

Por eso, ésta es la vida de Plutarco. Mejor diría, de su muerte…

Retrocedo desde aquí hasta el instante inicial, ese que toca con su final. Es decir, hablar de su nacimiento en el mismo instante de su muerte.

Todos los recuerdos huelen a cosa arrugada, a cosa tiesa, a cosa polvorienta. Y ahora que él no puede impedirme que desenvuelva el papiro de su historia, diré que él es descendiente de los hotentotes, presidente Ad vitam de la Asociación Internacional para la Erradicación de las Enfermedades piromaniacas, socio fundador de la liga pro defensa de los narcotraficantes, miembro de número de la Real Academia de Estudios Espaciales, Dr. Honoris causa de la Real Universidad de la Antártida Oeste y de la ilustre Universidad Nacional Mayor de San Agapito del Tránsito, y además pederasta, heterosexual y místico de la Iglesia de la Gnosis Ulcerada.

Plutarco nació en un callejón. Bueno, no exactamente, puesto que en lugares así solo proliferan seres de raza y tipo inferior, pero algo más o menos y de ésta manera pudo aplicar a su vida el repetido slogan: “Del fondo hasta la cumbre”

Ese fue el lugar que Nona escogió para darle a luz. Ella utilizaba este hermoso diminutivo en virtud de que su nombre resultaba extenso para ser pronunciado con una sola emisión de voz. Su verdadero nombre era Agamenona. ¡Válgame Dios!

En esos tiempos Clito, su marido (Su verdadero nombre era Clitemnestro) había quedado impedido luego que regando insecticidas y productos químicos con un aparato esparcidor de insecticidas, fungicidas y germicidas en una plantación de algodón, sufrió la pérdida de la visión. Pero aclaremos, perdió la visión, pero aún contaba con otros órganos. Por lo que habiendo emigrado con Nona a la capital, se refugiaron como primera medida en aquel distinguido callejón y luego de haberse instalado en su mansión, procedieron como primera medida a probarla. En otras palabras, se dedicaron a utilizar los días, las noches, las tardes y todo momento que sus fuerzas se lo permitiesen a engendrar una dosificada y planificada tribu y el primer huésped recibido fue precisamente Plutarquito. El Clito, muy dado a las lecturas edificantes, pero ahora ciego, no podía recrearse leyendo al autor de vidas paralelas, por lo que prefirió hacer las paralelas sobre su mujer, de modo que a la inversa del Plutarco autor de aquella obra clásica, resultaba hoy con un hijo producto de ella.

Hecha esta introducción, refirámonos ahora el proceso clásico de la llegada al mundo de Plutarquito.





Como diría algún selecto historiador de la Real Academia de la Lengua y las Orejas de las Españas.

Al observar que ángulos y morbideces de su vientre adquirían abultamiento no comunes, la Nona, muy de pelo en pecho, emplazó a su honorable marido Clito con éstas palabras:

-Clito, si estás lo que se dice, jodido, y a pesar de que ves, sin embargo tocas y otras cosas más, te digo ahora que enseguida te me vas a la calle a traerme con qué llenarme la botija y la de éste lombriciento que me sembraste. Entonces el respondió:

- Pero Nona, qué culpa tengo , si cuando me cerraron los ojos, se me abrieron las ganas...

Ella ni lerda ni perezosa responde:

- El que siembra su yuca, que vea cómo la cultiva.

Y él, retobado:

- Ten compasión Nona, no veo nada

Y ella arguye:

-Si que puedes

Entonces él siempre remolón, responde:

- No m´ija, nada!

Y ella en sus trece:

- Si que puedes. Irás de pedigüeño por las calles pidiendo limosna

El le contesta:

- Tu `tas loca? ¿Yo, de pedigüeño?

Pero la mujercita, macha como ella sola, le dice:

- ¡No estoy loca, estoy desesperada!




Así fue que por las más céntricas calles de la ciudad, se podían ver desde aquél día, a una mujer timbona, desgreñada, chorreada y patizamba, que arrastraba en pos de sí a un hombre seco, entelerido, descriado y contrahecho, que ostentaba un detonante y hermoso color en su piel, amarillo ocre o más bien verde vejiga con una mirada lánguida, perdida, errática y dirigida siempre hacia arriba. Eran los más populares limosneros de la tribu de entes citadinos. Ellos, sufrientes, despreciados, pateados, zamarreados y hasta aguijoneados por los perros, herían los finos y delicados oídos de las secretarias lindas, de gentes lindas de gerentes elegantiosos y de damas emperifolladas, de niños gordos gordos y políticos nalgones y flacuchitos (De que los hay, los hay) de sacerdotes, matronas y meretrices con su continuo ulular:

- Una limosnita por el amor de Dios, una limosnita por el amor de Dios

Por eso algunos les daban dinero, otros les daban pan, ciertos malandrines hasta sus buenas jarras de cerveza pa´aguantar la jaria, algunas amas de casa, sobras de diez, veinte y cincuenta días de rancio y otros no les endilgaban ni mendrugos, ni sobras, sino reverendas patadas , escupidas y mentadas de toda su gloriosa quinta generación . Con tanta riqueza adquirida Nona y Clito, llegaron a perder la noción de tanto beneficio de la comunidad.
Nona, viendo de que a pesar que la Santa Madre Iglesia ordena y exige dar de comer al hambriento y techo al que no tiene, además de que los excelsos representantes del Comité de los "Human Rights" intervienen con éxito en manipulaciones alrededor de casos considerados de "priority" y de que además su enorme timba crecía y crecía y de que ahora no solo el crío se rebullía emberrinchado ahí dentro, sino que del hambre continua, gruñía y regurgitaba todo lo que la madre le enviaba a través de conductos y cañería internas de un modo alarmante y de que además llegado el tiempo ella en alguna parte debería dar a luz y eso no era cosa de parir,sino tal vez de mal parir, dadas las circunstancias anteriores, optó por ganarse la lotería.


Diremos como fue. Piscuñando aquí y rapiñando por allá logró reunir los centavos ¿centavos? para comprar una sábana sin que Clito lo supiera. El día señalado al saberse el resultado del sorteo respectivo , ella brincó toda estremecida hasta la última rendija del cuerpo y confió al marido de la hazaña de haber obtenido el gordo de la lotería. Munida entonces de esa gruesa, gorda y abultada suma, agarró de la mano al marido y echando por delante el tanque ruso de su vientre llegó a su callejón. Ese fue el instante que escogió la naturaleza para aliviarla de su carga y reventó. Dicho con palabras eufemísticas: "Dio a luz"

Plutarquito nació solo. Creemos que en ese momento estuvo acompañado de su mamá, dados los tiempos, pero a la Nona no se le quitaba lo macha, así que una vez aliviada su carga, fue y alquiló un apartamento, a conseguir una casa o a comprar un edificio. Lo mismo da. Ella si sabía lo que quería, además buscaba algo que la sacara de apuros de modo terminante y definitivo. Y por eso, solucionó el asunto ¡Compró una cantina!

Allí creció Plutarquito. En la cantina aprendió a beberse su mamadera. Dicho con más elegancia, en el club íntimo de su mamá. Las muchachas que ahí laboraban en beneficio de las reproducción sistemática de las espiroquetas , gonococos, sífilis y silfides de distintos colores, lo entretenían. ¡Como querían a Plutarquito! Le hacían regalitos., trajecitos, y le vestían de nena. Todo por quedar bien. Y Nona , que finalmente aprendió que el que está arriba debe por obligación explotar y exprimir al que está abajo; sabiendo que al malo hay que golpearlo y proteger al bueno. De modo que siendo esas mujeres malas, había que darles palo, robarles, exprimirlas, porque Dios castiga al malo y ensalza al bueno. Y al final de cuentas, sus clientes eran buenos, muy buenos, máxime desde luego, si tenían buen circulante. 

Clito, por otro lado, no veía , pero tenía un olfato de sabueso para los negocios, de tal suerte que aquella pareja bien pareja, el sabueso y ella domadora. El cosa que se le ocurría se lo comunicaba a su esposa y ella ni lenta ni tonta emprendía el negocio que fuera. Ella sabía que él sabía. Empezaron a comprar lotes de terreno para construir primero tímidadamente y después abriendo cuentas lograban financiación para mayores extensiones y luego extendiendo los brazos y abriendo las fauces realizando transacciones de tipo mayoritario. La emprendieron con empresas. Ahora se hacía de una fábrica o compraban acciones de esto u otro , ayudaban políticamente a sus amigos o colaboradores concluyendo por intervenir en mucho más de lo que deberían. Al cabo de de un tiempo inmiscuían sus pecadoras manos en movimientos pecuniarios de nivel internacional y de humosos y oscuros manejos pero muy claros beneficios. Nona y Clito llegaron a perder la noción de lo que poseían. Claro que la única noción que no perdieron es la que cada año situaban un rico y poderoso ciudadano más en el planeta.
Entonces ya no fueron simplemente Nona y Clito, sino Doña y Don... Y aprendieron a exigir, a mandar y a tener "roce" con personas de clase social ... de mucha sociedad asociada...
Ese fue el ambiente que les trajo Plutarquito . El niño Plutarquito para sus padres, sus honorables y respetables padres. Sus estudios fueron en Europa. Tenía un carro para cada día de la semana . Hablaba un montón de idiomas vivos y muertos y otros también moribundos. Se casó y de tal suerte no tenía chicas, ni "fiancés". Era todo de todo. Sus hermanos eran cada uno y cada una, gerentes, directores, representantes de empresas diversas y Asociaciones financieras múltiples. Lo que nunca pudieron eliminar era la asombrosa fecundidad de doña Nona, la que todos los años resultaba como por tradición exhibiendo un nuevo vástago. Y todo pese a sus añitos; si bien hubo un año en que no resultó gorda.
Ese fue el año en que murió don Clito. Pero es asunto de otra parrafada.


Era problema de hijos, sobrinos, hermanos, cuñadas y un batallón de parentela que le agobiaba. Todos habitaban en aquella ciudad, parecía un perfecto hormiguero. Don Clito al morir dejó un problema de alcances extragaláctivos. Primero fue la interminable serie de “ayes”que exhalaba a toda hora y por cualquier motivo. Claro que sus insignificantes motivos eran que tenía la sangre hecha un azucarero, su ceguera le estorbaba para todo. Contaba con un cáncer duodenal que le impedía comer, un enfisema pulmonar, dos costillas flotantes, que flotaban inmisericordes, rotas y aéreas, una urgente operación prostática, infección precipitada del hueso mastoides, hiperfuncionamiento del páncreas que le hacía mantener los alimentos putrefactos y por varios días en los intestinos, de tal suerte que engordó y se convirtió en una especie de reina de las termitas, gorda, gordísima. Sin movimiento y sujeto a la buena voluntad de quien le atendía. Despedía un untuoso olor a manteca rancia, a cosa manida, a carne en cecina, a posta mal cocida que mareaba. Ahora no podía realizar sus consabidas paralelas, ahora yacía bajo las espesas carnes de doña Nona. Ocupaba una histórica, venerable y unipersonal ventana de la sala. Desde ella pudo oír, mejor dicho, ver con sus ciegos ojos muchas cosas y atisbar aún más de lo que ojos profanos jamás verían, porque sus oídos afinadísimos, incisivos, escudriñadores, percibían las “eses” que los trasnochadores confeccionaban por las aceras de su frente cuando se pasaban de sus licores. Fue testigo de asaltos a las vitrinas de almacenes del sector, del primer beso que un atolondrado jovenzuelo guardia de seguridad hurtó con todas las de la ley a la criada de su mujer y fue testigo… bueno, eso merece ser contado. Y hay que abrir un paréntesis antes de su llorado, dolido y nunca bien ponderado deceso. Aquel suceso aceleró su muerte.

Ella empezaba a usar unas blusitas transparentes. La moda actual le permitía licencias en el vestir que antes nunca se habrían imaginado. Su piel admitía todo color dada la textura y el cálido tono que irradiaba. La misma moda exigía que anduviese hoy con sandalias, mañana con zapatillas y otro día con botas de amazona, tal vez con elegantes calzados de tacón alto o con cómodos mocasines. Su atuendo moderno y actual, permitía que el Rorro, pudiese toquetearla a su antojo, dentro y más allá de los límites permitidos o no. Este precioso modelo de chica era la hija de Plutarquito y el Rorro era su ídolo, su ícono. Y se repetía para sí. ¡Es que ese chiquillo tiene un perfil, tiene unos ojos… tiene una boca… tiene…! Ay no sé ni qué es lo que tiene, pero lo tiene!! Y una amiga suya le respondía interpretando gestos y almibaradas miradas:

- No chica, estás loca por él, eso es todo.

A lo que ella repetía:

- ¿Loca yo, loca yo? Ja, ja, ja, ja. No estoy loca, estoy enajenada.

Y el rorro tocaba, palpaba, metía la mano, metía su lengua… bueno, simplemente asunto de tocamientos y besuqueos daban como consecuencia la introducción hasta el fondo, hasta lo profundo de su pecadora lengua en la cavidad bucal. Y era asunto de todas las noches durante horas y horas, la manoseadera, los grititos que arañaban los oídos de arrullo celestial, el temblor, el quiebrecillo de la voz que amenazaba volverse añicos de gusto intenso y placer idem. Esto se reflejaba en sus oídos abiertos como pantalla GPS. Todo lo percibía con fidelidad estereofónica diabólica. En realidad no le hacen falta ojos al que oye bien. En eso Don Clito aventajaba al más avezado oidor de la colonia y de la inquisición. Por eso aquella noche los chilliditos, los besos tronaditos, los lloriqueos, el roce de prendas interiores sobadas y estrujadas entre manos desesperadas , el vaho, el clima, la atmósfera de hechizo que crean dos cuerpos jóvenes en momentos así y las vibraciones que emiten y que atraviesan las distancias para contagiar a todos de su frenesí, tenían entontecido al pobre viejo. Lo hacían sufrir, anhelar, sangrar íntimamente desde lo hondo de sus sensualidades. La voz achiquillada y maullante insistía:

- Rorro, rorrito… Rorro Galíndez… ¿Y cuándo es que me vas a violar?


A lo que un hipido de sorpresa contestó:

- ¿Violar?

Y ella imperturbable insiste.

- Si, violar… ¡Violarme!

El entonces responde:

- Sería “nice”, pero…

Ella respondía:

- ¿Pero qué?

El decía:

- Te admiro

Ella volvía a la carga:

- ¡No quiero que me admires, quiero otra cosa!

El regresaba:

- Si te voy a violar, pero cuando vea la pasta, los millones de tus cancamanes, entonces sí, cuando haya pasta, pero así sin nada… ¡Naaaa!

Entonces sonó la vocesita de ella:

- ¡Infame!

El, caprichoso terciaba:

- Qué te parece si nos perdemos de por acá, el ruco de la ventana aquella no nos quita el ojal de encima? 

Ella sorprendida y en vilo, volvió el compungido rostro para encontrarse con el descolorido y undívago mirar de don Clito. Aquel rostro suyo, tasajeado de arrugas por todas partes, hasta por la boca, miraba ¿Miraba? No, percibía, olía, aspiraba, succionaba la emoción que los cuerpos jóvenes exudaban. Y era tanto su embobamiento, su embrutecido embobamiento animal que no oyó las irreverentes palabras del Rorro.

- ¡Ay, es mi abuelo! Dijo ella.

Y él dice:

- ¿Tu abuelo?... Entonces dile que lo que necesitamos es un buen descule, necesitamos fafa para un despelote. Ja, ja, ja, ja. Yo creí que era Herman Monster escapado de la TV

Ella contesta:

- No me digas.

Y él replica:

- Sí te digo.

Entonces fue cuando los pies cobraron alas, las falditas levantadas y el miedo levantó polvillos de carrerillas que no terminaron hasta la puerta de la hermosa mansión de doña Nona, cuando el Rorro contagiado por un pavor cerval, arrancó también como un bólido en su mustang último modelo y se perdió en las penumbras de la noche.

Mientras allá en la ventana fisgona en la que tantas veces don Clito se enteró de las intimidades de los demás, sucedió lo que tenía que suceder al fin. Las palabras de los chicos llegaron a sus oídos. Ventanas de contacto entre la ceguera y la falsa realidad circundante y ¡Zas! De tal emoción al comprobar que aquellos que eran objeto de su pecaminoso espionaje resultaban ser su nieta y un hombre de apellido tal, el viejo reventó y entró en coma. Después de mucho luchar, su mujer lo trasladó a la cama.
Allá, descuadernado, exangüe y desmadrado, su imaginación agarró otra ruta. Imaginación era lo único que le funcionaba en el proceso de desmembramiento y aniquilación de aquel guiñapo. Porque su muerte, cosa curiosa, significaba algo así como ir poco a poco despojándose de todo lo importante que había querido en su vida. Primero los ojos. Con ellos perdió movilidad y paulatinamente toda acción física. Como no fuese la reglamentaria de colocar todos los años su semilla en las indiadas carnes de doña Nona y así fue perdiendo siempre algo. Aquella cruel revelación de que su nieta, su más querida nieta, quería ser violada por un desgraciado de aquél apellido del apellido que él había jurado exterminar fuese quien fuese, rompió en él todo contacto con la vida consciente. Y desde ese instante quiso retornar a la bruma de su niñez y proyectarse así de tal suerte que pudiese retomar hasta el mismo vientre de su distante nana…


Un pujido del viejo agrietó toda la tarde. Su cuerpo se tambaleó y se aguachó, la ley física del dolor lo doblegó y mordiendo un grito fue cayendo, cayendo, demorando en caer muchas eternidades, que iba recogiendo junto con los estremecimientos que sacudían aquella bolsa de hambres, decepciones y arrugas. El observó largamente seco sin mover un músculo de su rostro, ni del resto de su cuerpo aquel proceso. Afuera el viento hacía chas, chas, cuando azotaba las macollas de los huatales contra el pantalón. El dolor daba vueltas como un humo acre. Sí, todo aquello se le grabó dura y tercamente como se graba en la granítica roca con un buril. Desfilaron en su mente años de dolor, de trabajo, de desprecios. Años de huidas para dentro de su mismo odio. Y así mismo todos los terrores que trajo consigo su mujer cuando la conoció. Todo lo que ella le sembró como sus pupilas lejanas, sus párpados achinados, su vaho, su calor de mujer ordinaria, brutal, pero hembra por todos lados. Cuando volcaron uno al otro sus propios vicios, sus deseos, sus humores. Y en fin cuando reventado por la explotación inmisericorde traspasado de cansancio y necesidad aceptó aquel trabajo en el que finalmente para completar el cuadro, perdió los ojos.

Por eso consideró que nunca fueron tan útiles como ahora que los había perdido. Ojos que bebieron, que succionaron la muerte de su nana, solo eso merecían. Irse por otro rumbo, el del silencio de la ceguera. Solo una vez había visto al que robó el mezquino patrimonio que Clodo quería dejar a su hijo, solo una vez conoció al causante de su vergonzante orfandad. Pero solo esa vez bastó para grabarle con fuego y sangre la misión de su venganza. Y eso vivió con él durante eternidades y mientras viviera, la misión que esa venganza viviría. Pero ahora, así, vuelto para adentro de él mismo , ya esas cosas irían a parar al elegante nicho que su mujer había construido para la ostentosa, vulgar y rica familia de la que él era cabeza.

Llegó la vida y se detuvo rezumante, rabiosa, sudorosa delante de él. Y solamente el apellido de aquel gamonal pudo pescar en sus muchas preguntas hechas por aquí y por allá. Y ese maldito apellido lo guardó como tesoro dentro de la roca dura y seca que le servía de corazón. No para recordarlo. Solo para odiarlo cada vez más. Y para prometerse exterminar de aquel malvado aquello en donde el dolor se hincase más.

Y entonces aquella promesa se le metió para adentro y no había modo de sacarla,. Solo había uno. Y a ese se entregó.

Su entierro fue famoso. Una mueca que nadie pudo interpretar se fue junto con él. Y el único que pudo sentir el impacto de aquella interrogante de su padre, fue Plutarquito Y en su corazón, y en la cavidad de su cariño hacia ese padre ciego, testarudo y áspero que le tocó en suerte, creyó también recibir algo así como la responsabilidad que le dejó hacia los suyos, una especie de venganza incumplida. Mientras seguía cayendo la mañana durante aquel entierro indiferente. Plutarquito adivinó.


A don Clito lo enterraron frio como un pedazo de piedra de río. Rígido y con un rictus entre lo cómico y lo bravo. De todos modos el único que lo lloró fue su hijo Plutarquito. Lloró como Mario de Magdala, como el caballo de Hernán Cortés la noche aquella o como el burro de Nerón la otra noche aquella. Plutarquito había adivinado. Pero eso se quedó prendido entre segundos de aire y espumas de apariencias fingidas. La vida siguió su curso, porque los hermanos, la madre, los familiares que surgían de todas partes como pirañas rabiosas, todos revoloteaban con las bocas ávidas. Todos detrás de los pingajos de herencia. De lo que honradamente estaban todos seguros, nada merecía, pero para hacerle honor a la tradición de los pedigüeños, todos empujaban sus reclamos con las palabras más groseras, aún sabiendo que la única del timón era realmente doña Nona. La aguantadora y el verdadero prócer de aquella guerra a la bartola entre ella y el finadito.

Así fue como rotas las ligaduras de su pudor y de su miedo, entregó sus muslos cerúleos, sus piernas cretenses, sus extremidades etruscas al objeto de su amor. 


La hija de Plutarquito, cuando veía venir a su Rorro Galíndez se erguía ondulante, desenroscándose como una culebra ebria y el asunto prosperaba. El Rorro, pensando en que el hijo`e puta de aquel viejo, no le había dejado nada a la nenita –cosa que lamentaba- puesto que era preciso comprar unas veinte muditas onderas y comprarse ácido, que mucha falta les hacía. Y el Rorro del pastel, exigía y exigía. Que si los amigos, que si una parrandita, que una buena ponchera o un descule. Y ella, claro, como no quería perder aquel perfil egregio escapado de los mármoles pentélicos y de las áureas estelas mayas, cedía y cedía. Ya no pedía a su padre, puesto que él había cerrado la bolsa. Ahora robaba a todos, a sus tíos, a todos los familiares, a su abuela… Hasta las empleadas. Todo pasaba a diario, todo romía el aire ordinario de las cosas cotidianas, vulgares de la casona, pero una noche Plutarquito soñó a su padre. Todo pasó sin importancia, él sabía que su padre había sido golpeado por la vida de modo bárbaro., pero aquél sueño ¡Aquél Sueño! .. Y lo peor es que pasaron los días, sus hermanos entregados a sus manejos buenos, turbios o peores, su madre ostentando sus densas carnes y el manicomio tal vez le haría caso a él., pero tal vez él no le haría caso a ella.


En fin, Plutarquito empezó a ser pasto de alucinaciones, de delirios, de desorbitado frenesí y todo lo que le sucede a los que deseamos les pase lo peor cuando han tenido un padre como Plutarquito, una madre como Plutarquito, una mujer como Plutarquito y una hija como la de Plutarquito. Sus ojos ya ostentaban unos paños lagañosos, chelones, blanquiñosos de tanto no dormir al compás de sus angustias oníricas y no oníricas, continuaban los sueños. Los primeros eran difusos, inconexos, desorbitados, pero luego se fueron definiendo, apareciendo nítidos hasta que Plutarquito, desesperado, consultó una médium. Esta ni corta ni lenta le aconsejó invocar al difunto. Lo que realmente no le favoreció gran cosa, más que una serie de insultos, recomendaciones absurdas y explicaciones intrincadas sobre la mejor manera de invocar al espíritu de Pie de lana, el de Anayansi, la novia de Balboa, el de la malinche y el de la tía zenona. Aquello era más intrincado que seguir la leyenda de la flor de Amate. Total, quedó donde estaba al principio, pero Plutarquito seguía sufriendo alucinaciones, "cerebraciones" y todas las palabrejas que acuña la psiquiatría para definir lo indefinible. Sus hermanos, bien gracias, acumulando dineros para su futuro hipotético. Su mamá, acumulando carnes para otro futuro, pero éste no hipotético, sino para el batallón de parásitos necrófagos que se alimentarían algún día con sus gordos y fofos despojos en un mausoleo de mármol

Así fue como esa vez, desesperado por su insomnio, hastiado de no dormir, enloquecido de aburrimiento y embrutecido de esa vida ruin se hundió en el aire.


Su figura pesada, rechoncha y algo simiesca se movía lenta rompiendo las células de la noche, mientras su mente vomitaba todos los terrores, todas las insatisfacciones que su riqueza jamás pudo colmar a plenitud. Las nubes atravesando el valle de este a oeste abrieron un párpado. Por él apareció una luna casi ictérica para luego desaparecer dejando sola a la humanidad. Recordó a su padre, recordó su niñez, recordó muchas cosas y arrastró la vista cansada por las calles como un cangrejo.



La atmósfera estaba impregnada de vientos de viejas. El tráfico era lento, perezoso y espaciado a esa hora de la noche en que pasaban autos. Unas camionetas atravesaban la avenida como tratando de arrancar de sus gargantas de metal y chatarra un escupitajo de petróleo quemado. Un hombre en moto pasó raudo alborotando el vecindario con la pedorrera del motorcito de su aparatito. Y entonces ¡Zas! Las luces tremendas que lo encandilaron, lo atarazaron, lo hipnotizaron impidiéndole moverse, luego el cuentazo bárbaro que le hizo saltar y aflojó hasta el último enredijo de su estructura ósea, inclusive el esfínter. Le lanzaron por los aires para ir a somatarse varios metros más allá , donde al caer ya iba lanzando chisguetes de algo negro casi rojo, tal vez sangre (pero no lo podríamos asegurar) en el aire ya no se encontraba en sí, es decir, iba inconsciente. Luego un grito femenino y algo masculino. Se dijera como una soberana mentada de madre.

Algo interpretado así como

- Viejo hijo de la gran “P...", ya me arruinó el Mustang…

La voz femenina chillaba, la voz masculina madreaba al pobre Plutarquito que ronroneaba en la banqueta, lanzando borbotones de su prócer sangre a diestra y siniestra.

Llegó al fin un grupo de curiosos salidos quién sabe de dónde ni por qué motivos y le impidieron a los del carro darse a la fuga como era la santa intención del hombre del volante del soberbio y último modelo Mustang que ostentaba una cruel achatadura en la lodera delantera derecha.

Al fin salieron los ocupantes del carro y la iban a emprender contra el caído cuando los chillidos femeninos ya no fueron chillidos, fueron alaridos de una sirena a todo vapor. La resaca del dolor le devolvió el sentido de la vista y el sentido del oído a Plutarquito. Su piel trémula, sus huesos cribados se estrujaron unos contra otros. Su sangre se detuvo poco a poco y empezó a agonizar.

Pero como ya les dije, no me gusta medrar con las angustias y dolores ajenos, así que quizá no escriba su historia, porque el que se aprovecha del dolor ajeno es un desgraciado.


Fin

miércoles, 18 de diciembre de 2013

OLVIDO


Ahora me pides que te olvide,
que pignore nuestras vetustas noches
en el andén del silencio
ante un embarcadero de oquedades
y navegue en otros mares
hacia puntos lejanos de tu puerto.

Me pides que rompa la espuma de las olas
que dibujaron tu silueta sobre mis playas
donde bebí despacio la felicidad.
Y tus palabras,
así como la resaca,
me saben a llanto seco
por el ir y venir de tus mareas

No sé si encontraré manera de atrapar
tus humedades cerca de mi cuerpo en llamas,
y evitar tu lejanía de mis ojos
al contemplarte en lontananza

Es que me quiebro en razones para no perderte
y en los huesos me suenan tus etcéteras
cuando las horas de tu tiempo
se hicieron bisiestas por tu barca perdida

Y si mi raudo mar no pierde tus muelles
si todos tus besos
volviesen a estallar como olas en mi boca,
universal sería el amor
que a nuestras vidas sin duda le toca.

Autor: JUSTO ALDÚ/Julio Stoute. 2013.

viernes, 6 de diciembre de 2013

ASIMBONANGA MANDIBAH (Homenaje póstumo a líder NELSON MANDELA)




Las luces se fueron
y brillaron las velas ante la resurrección de las calles.
Jineteamos el mismo hecho histórico
de aquel que donó el designio al mundo
de seguir con la esperanza a cuestas

No, no lo hemos visto.
No sabemos dónde está
solo sabemos que resiste al oprobio y la discriminación,
que enseña al pobre y al justo.
Es la voz apocalíptica de los predicadores
apacentando humildes
brindando esperanzas con su fe altiva,
preparando para otros un camino.

No, no sabemos dónde está
quizá esté dando un grito o multiplicando peces
en un mar sin discriminaciones;
sin pescadores de injusticias,
mientras otros
se miran los unos a los otros encogiéndose de hombros.

Y preguntaron por él ante los perros,
luego hubo grabadoras, celdas húmedas, oscuras,
llenas de moho, amarradas al insulto.
Cadenas negras en un mundo discriminatorio blanco.
La policía interroga y repetimos con fuerza
No, no sabemos dónde está,
andaba por aquí, por allá,
con propaganda,
con toda su historia
de libertades ocultas
en contra de los asalariados del terror,
aquellos que no tienen melanina ni escrúpulos

Ayer, no sabíamos donde estaba,
pero hoy sabemos que descansa en paz,
solo cayeron los de entonces
ahora corre la luz entre los dedos,
abrillantan el día las ilusiones
como semilla al sol en el surco
creciendo vertiginosamente en el fondo de la justicia

No, no sabemos dónde está,
contestamos cuando lo buscaban para encarcelarlo
y poner fin a su protesta
en beneficio de la humanidad.


Autor: JUSTO ALDÚ/Julio Stoute

viernes, 27 de septiembre de 2013

A LA FLOR DE LOS CEREZOS



FLOR DE CEREZO (seudónimo de una escritora mexicana fallecida el año pasado)
*Escribí éste poema que nunca pude publicar, quizá porque estaba tan colmado el foro con poemas en tu honor que no me sentí tan bien ser uno entre tantos. A ti amiga, te dedico éstas líneas, a ti con la que conversé sobre muchos temas en el tiempo aquel en que mis versos tenían nombre. Con todo el cariño de tu amigo panameño... donde quiera que estés. Dios te tenga en su gloria...

Lograste pintar de primaveras
un canto glorioso de la tarde
que el amor a ti pudo brindarte
y reflejar en tu rostro las quimeras

A todos regalaste tu sonrisa
tus versos, tus palabras y alegría
entonándonos así una elegía
que dejaste al partir sin darte prisa.

Autor: JUSTO ALDÚ/Julio Stoute.

domingo, 15 de septiembre de 2013

DECIRLO, DE QUÉ SERVIRÍA

Nunca lo he dicho,
de qué serviría…
De qué serviría decir
que mis ansias corren limpias
por los surcos de su vida sin saberse llenas?
Que malgasto el tiempo sin pensar que allende hay un segundo cielo que nunca he visto ni pintado en lontananza?
Que a pesar de tener reliquia de siglos en mis venas
no me crecieron momentos para formar su época?
y aunque mi pasión ha sido arteria palpitante
e impluvio de agua mansa donde se almacenaron besos
heme aquí desahuciado del cariño
donde el bullicio del amor
abre un día más la llaga de mis manos
y se quiebra en razones para tomar las suyas.
Decirlo…, de qué serviría?



Autor: JUSTO ALDÚ/Producción 2013
Imagen: Tomada de Internet.

sábado, 7 de septiembre de 2013

RAZONES


Quizá pienses que pierdo
    cuando estoy presente-ausente
         que se acercan razones al absurdo pasado
            tal vez sirva decirte
                que eres volcán en mis sueños
                    y jamás intento herirte
                        porque nunca te he olvidado.

Autor: JUSTO ALDÚ/ 2013

lunes, 22 de julio de 2013

LA VIDA SERÍA MÁS VIDA


La vida sería más vida
si tu flor renace con su gabán de palabras
y cobija mi alma trovadora.
No sería tan distante,
ni tan distinta.
En el hontanar del ser
la vida sería vida
si la víspera me hablara de tu tiempo
con largos te quiero
en el rosal de tu boca.
Sería más vida
con extensos deseos en la luz de tus ojos
horadando la existencia.
No haría falta el horizonte azul,
ni la verde esperanza,
si solo pudiera sentir tu cuerpo
como cristal cortante del desasosiego
arañando las sombras de mis años.
Te juro que sería más vida
con solo tenerte.


Justo Aldú © J.A.S.D. 2013


miércoles, 17 de julio de 2013

CONFIESO QUE HE VISTO


Suben las ganas, bajan los recuerdos,
despernado,
he visto florecer los días y marchitar las noches.
Niños bañados de alegrí
sudando ilusión y encanto

He visto el santo entierro después de cenar.
Alegrías y angustias del hombre.
Cantar resquicios y dobleces con notas de tortura
entre pecho y espalda.

Aventurero constitucionalmente,
quizá fui un poco diferente
por demostrar verdades
firmé autógrafo a la muerte

He visto pantomimas de la vida,
azahares en mi entorno
y me desprendí del árbol como hoja
para robar un suspiro del viento

He visto tus pechos
que quizá se perderán como simples mangos
pero esos pueden reponerse,
tus pechos no.
¡Que jodida mañana tuve
pensándote luego sin bultos amorosos!
Ahora paso revista a la tarde como viejo forastero
y te digo que he visto al pequeño dinosaurio
que se cree dueño del mundo
sacar conclusión del polvo de su esencia.
Lo he visto…
Hacer memoria de sí mismo.
Sui generis.
Y aseguro que he visto envejecer lo inenvejecible.

No puedo decir cuándo mi sangre dio un hervido de muerte,
solo vi crecer el agravio, la ofensa, el baldón, el ultraje
y lo enfrenté sin siquiera pensar en hacerme invisible.
Mi padre también lo recuerda.
Está en todas partes,
algunos le llaman rey, otros todopoderoso.
El ha visto lo que yo y mucho más.


Autor: Justo Aldú- 2013

jueves, 4 de julio de 2013

DISCURSO DE LA INOPIA



“Y CUANDO OS HABLE, CREED EN ÉL
AUNQUE SU VOZ SACUDA VUESTROS SUEÑOS
ASÍ COMO EL VIENTO DEL NORTE DESTROZA EL JARDÍN”

CAPITULO II, EL PROFETA DE GIBRAN JALIL GIBRAN,

Sobre un país apretado y escurridizo
hemos crecido entre caudillos
y reglas de oro para contentar al pueblo.
En la otra acera (al otro lado del Canal de Panamá)
el cristal se enturbia
cuando la casualidad proyecta su luz
con la maldita truculencia
en el estómago vacío
He visto sonrisas
entre avalanchas
de costumbres inverosímiles,
como aquella de contar los “Franklin”
ante la vista del pobre
y repartir migajas para aprobar leyes.
Rebajar la comida y subir los salarios ahhh, puede esperar.
La mejor ley:
Lo tuyo para mí y lo mío para “yo”.
Desde entonces conozco el fantasma
de la inopia
que recorre mi patria y Latinoamérica
La mano peluda que ahorca futuros promisorios
Es increíble como suelo refrendarla en mi poesía
por ser marca registrada, certificada,
de acero inoxidable, de doble tracción
y equidistantes sentimientos
los ricos y los pobres.
apátridas sin himno ni bandera
por eso todo está claro, jodido
y solemos gritarnos desnudeces
cuando fallamos los piropos
entre verdes parques
verdes monumentos,
verdes plantas,
verdes paseos,
verdes árboles
verdes billeteras
con verdes dólares…
El color no podía ser otro.
¡Verde! verde transparente,
tan transparente como el saqueo al erario
hermosamente pintado
junto al escuálido ciudadano
que cada quinquenio
hace interminables
y borrachas filas en la urnas.

“Aquí se esfuma el dinero de los sueños” dice un cartel
“Aquí se fuma el hambre del pueblo” releo sin lentes.
y todo… todo es impensable
como es de impensable lo que puede hacer un poema
o un simple verso.
Levantar al más caído
a ese que no sabe lo que es la poesía
y la deja enclaustrada en la vida
sin vivir con los demás y ser los demás
… uno mismo.
pero siempre hay uno dispuesto
a dar un granito de arena
un buche de agua
un cántaro fresco
una letra
algo de todos,
de nosotros
para soñar,
porque la fe nos pone de pie y a ver ancho el panorama
Entonces diremos: El sol no falta
ni siquiera cuanto la tormenta cae de repente
como una imperfección líquida y aniquiladora
sobre el futuro del pueblo.

Autor: JUSTO ALDÚ / Julio Stoute. 
Derechos Reservados. Producto intelectual registrado.

lunes, 1 de julio de 2013

CARTA DE UN HOMBRE MALTRATADO



Te juro que por años he soportado tus insultos y ganas no me faltaron de meterte una cachetada, pero no! Soy un hombre decente y mis padres me enseñaron desde muy chico que a las mujeres no se les pega ni con el pétalo de una rosa. 
Muchas veces te he dicho que no me gusta tanto picante, pero cuando quieres hacerme sentir mal, pones todo un "chile" en la comida, tan solo para verme echar fuego y reírte por adentro. Lo sé, lo leo en tus ojos mientras acaricias al perro con cariño.

Que si te he querido como un loco? ni lo dudes, pero nada es suficiente, quieres más, y más y más. Todos los años quieres el último modelo de auto, ropa de moda, zapatos de marca y mi sueldo no alcanza, por eso me quedo tarde en el trabajo ganando un poco más con horas extra, pero no! tu piensas que tengo un segundo frente o que mi jefe es gay y quiere verme a solas. En fin, si te traigo flores, me dices que te gustan los chocolates y si traigo chocolates, me dices que te quiero ver gorda, que no piense en hacer el amor hoy porque tienes dolor de cabeza. Quiero ver el fútbol y tu la novela, si, esa en que enseñan a la mujer que tiene dos maridos, por eso me quedo en la sala. No eres romántica. Todos son gritos y en la novela llanto.
Ayer conocí a una persona por internet. Me entiende, no quiere meterse en medio y yo sé que no es lo correcto, pero te juro que ganas no me faltan de ser feliz al lado de quien en verdad me comprenda y sea cariñosa. 
Hoy me duele dejar ésta casa, pero he de hacerlo por el bien de nuestros hijos y por el mío.

Y te advierto, he visto cómo los miras...y con mis libros, ja! no te meterás, ayer los puse a buen recaudo. Son mi tesoro mas preciado. Sé que la vida me tiene reservado un futuro y sea cual fuere, será mejor que el infierno en el que vivo....
No te deseo mal, todo lo contrario, que Dios te ayude a ser cada día mejor persona y rehacer tu vida como yo lo haré.


JUAN SIN MIEDO.


******

Siempre se habla de las maltratadas. Y qué de los maltratados? Ellos también existen, pero la sociedad los tilda muchas veces de menos machos o que les faltan pantalones cuando les pasan éstas cosas.
Autor: Justo Aldú... pero puede ser cualquier
Imagen: Tomada de la Web.

jueves, 27 de junio de 2013

AMOR INESPERADO



Hoy sacude el verbo laúdes nuevos
percibe el olor de otros labios
entre letras y arrebatos confusos
limpios como llamas.

Y mis sudores echan anclas
en sus piernas imperiosas
cifran mis mañanas
en las brasas de su estuario
como el oro de un mendigo
ciego, perturbado, enajenado,
hundido en los minutos de la historia
observando con avidez
los siglos de amor que encierran.



Autor: Justo Aldú/ Julio Stoute. Producción 2013.
Imagen propiedad de Julio Stoute

jueves, 13 de junio de 2013

Y CUANDO LLEGUE LA MUERTE



Quizá en algún sitio 
con simples retazos de vida 
inventando olores 
de estaciones venideras,
verán la muerte
llenando el cántaro de llanto,
deshojando confidencias 
y fragmentando promesas
que no llegaron a cumplirse.

Días largos se apagarán
en bramidos cortos de noches taciturnas
y ajena la palabra
no sembrará voces
sino ecos
del remoto país del desencanto

Llegará el tiempo
que no adivine una sonrisa
quebrando el barandal de mi existencia
Llegará la muerte
radiante y clamorosa
como llega el invierno
lloviendo ansias
y el firmamento nacerá
anegado de estrellas que no brillan.
Quedará sola la idea 
esparciendo su semilla 
de púrpura encendida
llenando eternidades.

Autor: Justo Aldú

lunes, 10 de junio de 2013

SOY LA VOZ QUE CANTA EL DÍA



Soy la greda horizontal
donde fecunda el verso
como pequeño universo
del alma, palabra y cal

Soy tan libro, tan semilla
tan solsticio, tan sollozo
sutil, débil, poderoso
como un himno sin mancilla

Cual luminoso escenario
pantalla televisiva
con la imagen siempre viva
y fiel como un incensario

Cual cedazo palpitante
donde se funde el olvido
al recipiente encendido
del intemporal instante

Soy la voz que canta el día
de nuestra patria soleada
que recibiera entusiasmada
amor de juguetería

Cálida hasta lo imposible
la tierra donde naciste
que de vegetal se viste
exuberante y terrible

Ella anidará tus sueños
tus infantiles andanzas
tus iras y esperanzas
en sus barrancos roqueños

Tu inquietud bravía domó
y desde un hogar humilde
pero orgulloso y sin tilde
a las cumbres te lanzó


El catafalco obsoleto
de provincianas flaquezas
tu visión forjó en proezas
para quebrarlas inquieto

Desde esa joven mañana
en que desalfabetizaste
todos los frenos hallaste
atado tu tierra anciana

y ese bullir parvulario
descerrajó tu horizonte
como se desmonta el monte
para abrir itinerario

Entonces los pentagramas
de una música patriótica
te hicieron marcar la nota
con piromanía de llamas

Cercenaste mentalmente
tanta injusticia de cosas
de opresiones ominosas
y de fueros de la mente

Deletreaste estremecido
con ira viril de gestos
tantos escollos enhiestos
frente a un pueblo sometido

Si como humano te hincan
frente a unos errores otros
eras joven y los potros
antes de la doma brincan

Las banderolas al viento
la acción de fiebre en tu mente
la sabiduría es demente
a los pasos del momento

Como una visión de gritos
tú que eras el pueblo mismo
diste un toque al hermetismo
de derechos infinitos

Entonces la novedad
de tus plásticas verdades
sin temor a vaguedades
te ungieron de realidad

Así creciente el escudo
de tu ensoñación erguiste
y al texto del tiempo hiciste
girar con un gesto rudo

Y vino el momento tuyo
las azagayas te hundieron
del aire y al aire fueron
los púlpitos del orgullo.

Autor: Justo Aldú

miércoles, 8 de mayo de 2013

A LOS ELECTORES


Mañana, cuando me levante
pondré cabeza en tierra.
Los moros en la costa
seguirán vigilando sus viejos horizontes
y brillarán al son de los que ya no son
donde solo caben los remordimientos
Aquí solo hay altares civiles
y hombres que trabajan
mojando sudores ancianos,

haciendo más soportable
las incongruencias del sistema
hecho de fraude, votos
y discursos televisados
que dejan abandonado el tiempo
y muchos proyectos
porque es más fácil olvidar
que construir futuro.