jueves, 30 de agosto de 2012

PAÍS SIN NOMBRE, ARBOLES DE PIE

Es un país sin nombre
hay árboles de fuego
con nidos y alimañas.

Andan detrás y nos persiguen

por todos los caminos,
solo por echar una mirada
a esa región del alma
que llamamos probidad.

Árboles llenos de resquicios y dobleces,
que no creen en las palabras
por temor a perder esas cadenas.

He oído rumores…
se mueven por aquí y por allá,
tragándose la honestidad de la tierra
y encogiéndose de ramas ante la iniquidad

Muy dentro tienen ojos de rapiña
y hasta los perros orinan en su tronco,
y sentimos quebrar sus posiciones
con el color más conveniente de sus hojas.

Árboles con raíces inmaduras
sobre el llano donde amamos la verdad
Árboles que dicen:
“de esa agua no beberé”
y algunos le creímos
Mientras chupaban las falacias del mundo

Árboles que luego de pasarles la locura,
se hacen de una vida respetable
...y sus retoños fieles no están,
                                               cayeron
volvieron a morir de otro modo.


Amigos siempre fieles del enemigo
y enemigos cordiales del mas amigo;
y siguen aquí…contigo,
y también están sin ti
soñando con ser míos...




Árboles…,
solo árboles...

Pero hay árboles de flores
de hombres verdaderos,
que no se parten en dos
y están en el mismo sitio,
con sus raíces fuertes
en el surco del destino,

Amo esos árboles
que nunca dan un giro
y tienden a morir firmes
con la verdad ensimismada

miércoles, 22 de agosto de 2012

TU, LA QUE NO SE DESHOJA




Tú, la que no se deshoja
la que alimentó mi hambre
saciando con amor estas ganas.
Dejaste impávidas
mis semillas de hombre
con un puñito de besos

Tú, la que no se deshoja
la que vistió traje de calle
y se paseo en mis avenidas
recorriendo con caricias mis verbos

Viste plañir las cuerdas
de mi guitarra social
y conjugar el dolor con el sudor
Me diste cariño sin regateos
y luego, en el portal de este otoño,
entraste con tu sal en mis mares
sin pensar que la resaca te ganaría
entre corrientes difusas

Yo también cargué la soledad
sobre los hombros
sin saber que venías de recorrer
el mismo predio
con la voz firme y decidida,
y cada palabra tuya
fue como un mañana sosegado,
una necesidad oprobiosa de ser dos

La vida más allá de los libros
fue milagro,
¿Acaso pétalos metafóricos
trepando letras?
La tinta hoy faltante
está en cada una de esas hojas
donde solía mojarme
con una lluvia de besos.

Hoy, cada vez hago más soportable la ausencia
y aunque me depare una cárcel dentro de tu cárcel,
el tiempo dentro del tiempo,
la injusticia indubitable de esos pétalos
pregonando de lejos
esa flor de eternidad,
habitarás en mí y yo en ti…
la que no se deshoja.

domingo, 12 de agosto de 2012

EL POETA HABLA DESDE SU SILENCIO




                                                Autora:  ANA MARÍA HERNÁEZ, 
Mar del Plata, Argentina. 
Poeta profunda y  reflexiva. 





Las nubes              dibujos de cielos ocultos
        palabras al aire del corazón.



Sobre vientos que arrecian
        donde la soledad zozobra
               quiero pintar el silencio       tu silencio.


Con vehemencia      llega desde el mal presagio.
Su brisa helada contagia de pena
         la oscuridad y quietud de la noche.

Será entonces cuando
         peine mis sienes la ventisca
                acaricie las palabras
                      la poesía aflore en mi alma.


El silencio
         que es transparencia             sensibilidad
                      para la música callada del poeta

                                 le hablará de ti-


Su melodía
          lo transportará
                      a lugares infinitos de nostalgia.




lunes, 6 de agosto de 2012

EL ENTIERRO




Yo no quería asistir. No estaba acostumbrado a esos eventos sigilosos, místicos y plañideros.

Algunas veces los veía pasar desde mi ventana, pero nunca me atreví a preguntar quién era el finado. Eso no me interesaba, al contrario, me producía escalofríos y extrañas sensaciones. Por eso no estaba dispuesto a asistir.

Casi no recuerdo cómo pasó, pero en un instante me encontré completamente vestido y bajando en el ascensor. Una fuerza desconocida me impulsaba y no me permitía retroceder. Iba en contra de mis deseos refunfuñando por dentro al no poder impedirlo.

Casi no sentía mis pies, ni mis manos, ni mi cuerpo, pero eso era lo que menos me importaba. Ahora más que nunca sentí un dolor muy grande en mi pecho. El estómago coreaba un inminente desalojo al ver el féretro. Todo me daba vueltas.

Nunca me habían gustado los entierros, pero ya estaba allí y tenía que cumplir con la sociedad; ensalzar las virtudes del difunto, poner cara de dolor por su partida y llevarlo lo más rápidamente posible al agujero para terminar con el suplicio.

La capilla estaba llena de personas que lloraban y no quise mirar sus caras por temor a contagiarme de lágrimas. Ver sus rostros me llenaría de ira. Para mí la mayoría de los asistentes a estos actos son hipócritas. Solo llevan flores llenas de dolor y después olvido a las tumbas.

Desde el primer momento pude ver que faltaba quien ayudara con el féretro. Todos querían ir detrás, pero nadie quería cargar el muerto. Extraña forma de querer –pensé-

Recuerdo que pesaba mucho y sudé como un loco. Cada paso era como drogarme nuevamente; aspirar el letal polvo una y mil veces hasta quedar exhausto y eufórico al mismo tiempo... sentía un poco menos de vida.

Ya no podía soportarlo y pedí ayuda, pero no me escucharon. Era como si no existiese.

Lo más curioso es que no me sentía los pies, ni las manos, mucho menos el cuerpo. Al comenzar el último responso en el cementerio finalmente me atreví a echar una ojeada al cadáver. Entonces me di cuenta que era yo.

Publicada en:
http://es.calameo.com/read/00103018879dc9447846c